El 4 de noviembre de 2025, el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fé, el cardenal Víctor Manuel Fernández, presentó una nueva nota doctrinal, Mater Populi Fidelis (MPF), sobre algunos títulos Marianos relacionados con la cooperación de María en la obra de salvación. Es la primera vez que el Dicasterio más importante de la Curia Romana dedica tanta atención a la soteriología Mariana, y por esta razón no podemos sino alegrarnos.
Un documento compuesto por 80 párrafos y 197 notas al pie de página no es, en absoluto, insignificante. El aspecto bíblico se trata con gran precisión. De hecho, al leer la sección introductoria, uno queda gratamente impresionado por una afirmación que contrasta claramente con el entorno exegético histórico-crítico predominante de moda en nuestros tiempos. En ella se afirma que Génesis 3:15 prefigura, en Eva, a la Virgen María, “la Mujer que comparte la victoria definitiva sobre la serpiente” (n. 5). Por lo tanto, no debería sorprender que Jesús se dirija a su madre como “Mujer” en Caná (cf. Jn 2:4) y en la “hora” de la Cruz (cf. n. 5). Habría bastado extraer las conclusiones teológicas de este sólido marco bíblico para afirmar, junto con una larga línea de Papas, Santos, Doctores de la Iglesia y, no menos importante, Lumen Gentium, y con la ayuda de grandes teólogos, que la Virgen María coopera activa y directamente en la obra de la Redención; es decir, que María contribuye a nuestra salvación, de manera subordinada a Cristo, con lo que le es propiamente suyo: su mérito, su amor como Madre y su acto oblativo, participando con Jesús en la salvación de la humanidad y en la distribución de la gracia y de todos los favores divinos.
En cambio, MPF toma un camino diferente. Por un lado, no desea poner límites al desarrollo Mariológico (cf. Presentación), pero por otro, busca con gran celo ecuménico minimizar la contribución de María en nuestra salvación, reduciéndola simplemente a disponer a los fieles para que reciban todo, y sólo, directamente de Dios. Veamos en detalle lo que enseña la Nota y sus evidentes limitaciones.
La cooperación de María en la Redención: quid est?
Sin duda, la cooperación de María en la Redención, definida como “única” por Lumen Gentium 61 (“operi Salvatoris singulari prorsus modo cooperata est”), ocupa la parte central del documento. MPF nº 3 pregunta: “¿Cuál es el significado de la cooperación única de María en el plan de salvación?”, haciendo referencia en una nota a pie de página, a una catequesis de Juan Pablo II, pronunciada el 9 de abril de 1997, en la que el Pontífice Polaco dice lo contrario de lo que afirmará el MPF, declarando en cambio que “en unión con Cristo y sometida a Él, ella [María] cooperó para obtener la gracia de la salvación para toda la humanidad.”
En MPF n° 15, parece que la cooperación de María se resuelve en su maternidad divina. Todo se centra en la maternidad divina y activa de María, no sólo como raíz sino también como el desarrollo y culminación de su cooperación en nuestra salvación. En otras palabras, la cooperación activa de María se refiere a su maternidad divina y no a su maternidad espiritual en relación con nosotros. Esto se confirma en el n° 26, donde se presenta la verdadera mediación de María en referencia a la Encarnación: “La respuesta de María abrió las puertas de la Redención que toda la humanidad había esperado.” Esta mediación también se considera operativa en Caná, pero no en el Calvario (cf. n° 26).
Además, la nota al pie de página 32 ilustra el mens (sentido) del documento. Aprovechando el hecho de que los teólogos tienen opiniones variadas sobre la cooperación activa de María, la nota doctrinal MPF se siente autorizada a intervenir para resolver la diversidad de opiniones y la confusión resultante—adoptando un método radical y poco usual para un Dicasterio que debería estar por encima de las opiniones teológicas. Por un lado, rechaza el título de “Corredentora”; y por otro, (inevitablemente) elige entre las tres posiciones teológicas ya enumeradas, la posición receptiva—y en todo caso minimalista—: la de la cooperación receptiva inmediata o eclesiotípica. [1] El Dicasterio para la Doctrina de la Fe intenta mantenerse en el medio, cuando en realidad debería estar por encima. La prueba de esto se encuentra en MPF n° 20, que afirma: “Tal alabanza al lugar único de Cristo nos llama a situar a toda criatura en una posición claramente receptiva respecto a Él y a ejercer una cuidadosa y reverente cautela siempre que propongamos cualquier forma de posible cooperación con Él en el ámbito de la Redención.”
MPF encuentra desagradable esta tendencia Mariológica “maximalista” de los Papas que usaron el término “Corredentora”; por esta razón, se afirma en MPF n° 18 que los Pontífices que enseñaron la corredención de María no explicaron el término. En otras palabras, se les reprocha haber enseñado una verdad dejando a los fieles en duda y error. En realidad, si los Pontífices usaron este término, ese hecho en sí muestra que no sólo estaba bien entendido, sino también completamente apropiado y Católico. Ahora, de repente, “Corredentora” se convierte en un título ambiguo. Según MPF n° 22, es “siempre inapropiado” usarlo porque ocultaría la mediación salvadora única de Cristo. Como queriendo decir que Pío IX, León XIII, Pío X, Pío XI, Juan Pablo II y Pablo VI eran simplemente unos ignorantes—por decir lo menos.
En realidad, el problema planteado por esta Nota no es el título de “Corredentora”, sino más bien la cooperación única de María en la Redención, como lo explicó recientemente Lumen Gentium a la luz de enseñanzas previas. El tema se menciona en algunos párrafos, pero su significado preciso nunca se explica claramente. MPF n° 36 parece ser el más relevante para este propósito, pero si se lee detenidamente, se observa el estrechamiento eclesiotípico de esta cooperación: María coopera como lo hace la Iglesia. El punto más alto de este eclesiotipísmo se alcanza en el n° 37c, que cita al Papa Francisco: «Como Madre, María espera que Cristo sea engendrado en nosotros sin ocupar su lugar». También vale la pena señalar que, mientras al principio el documento afirma, junto con Pablo VI, que María es madre de todo el Cristo porque dio a luz tanto a la Cabeza como a los miembros de la Iglesia en virtud de su fé (n° 35), al final concluye con el excursus eclesiotípico que reduce significativamente su cooperación, afirmando con el Papa Francisco lo que se acaba de citar. Entre María, Madre de la Iglesia, que engendra en virtud de su fé, y María que espera que el Cristo sea engendrado en nosotros, existe un reduccionismo significativo.
Además, si no hay una dimensión sacrificial en la cooperación de María en la Redención, se deduce de manera lógica y consistente que no habrá una contribución singular y meritoria de su parte. Entre las muchas citas valiosas en MPF, hay un gran ausente: Lumen Gentium 58, que reitera claramente el magisterio anterior (particularmente Benedicto XV, en Inter sodalicia) respecto al papel activo y oblativo de la Virgen.
Además de esta reticencia respecto al papel ofertorial de María, su mérito también se pasa por alto en silencio. Si María no tiene mérito personal en la oblación de su Hijo—y de sí misma en su Hijo—anticipando lo que más tarde haría la propia Iglesia, entonces no coopera de manera singular en la redención, sino sólo de manera eclesiotípica y receptiva. Esto se confirma además por el hecho de que el n° 37a excluye explícitamente que la intercesión de María tenga el carácter de mediación sacerdotal como la de Cristo. ¿Excluye entonces este documento la participación de María en el sacerdocio de Cristo, mientras que Lumen Gentium 10 lo postula para todos los cristianos, como pueblo sacerdotal, participantes en el sacerdocio real? ¿Es el pueblo fiel más grande e importante que María Santísima? Todo ésto una vez más parece confirmar el enfoque receptivo que se le impone a la cooperación de María y su dimensión eclesiotípica desequilibrada: la Iglesia más que María. Esto nos lleva, entonces, a la cuestión de la mediacion Mariana.
La Mediación Mariana: el titulo más problematico
En MPF n° 28, la Nota parece sugerir que toda la mediación de María consiste en el hecho de que ella ocupa un lugar único en la Iglesia. La síntesis de esta Nota sobre la mediación de María en la mediación de Cristo se encuentra en el n° 32, que dice lo siguiente:
“Ella es la Madre que dió al mundo al Autor de la Redención y de la Gracia, que se mantuvo firme al pie de la cruz (cf. Jn 19,25), sufriendo junto a su Hijo y ofreciendo el dolor de su corazón maternal traspasado por la espada (cf. Lc 2,35). Desde la Encarnación hasta la cruz y la Resurrección, estuvo unida a Cristo de una manera única que supera con creces a cualquier otro creyente.”
Esto representa un retroceso significativo incluso en comparación con Lumen Gentium, que añade algo muy central, pero que aquí está ausente: María se asoció en espíritu maternal al sacrificio de su Hijo (cf. LG 58). ¿En qué consiste esta mediación maternal? El párrafo n° 33 ofrece una respuesta, pero refleja el marco minimalista del documento: María es un modelo pasivo para recibir la salvación; está disponible y se deja llenar por el Espíritu. Eso es todo. El hecho de que María, como Mediadora, pueda oscurecer la mediación salvífica única de Cristo ensombrece también esta sección. De hecho, más que «Corredentora», el título que debería generar preguntas es «Mediadora», ya que parecería contradecir directamente 1 Timoteo 2:5: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” MPF es consciente de ésto e intenta, de manera incidental, primero y correctamente situar la mediación de María dentro del marco metafísico de la participación, pero luego, al seguir siendo redundante, se la limita finalmente a una simple función dispositiva (cf. n. 46).
¿Cuál es ahora el papel de María como Mediadora de todas las gracias? Según MPF, la Virgen María no es una Mediadora de gracia (y de gracias). La mediación de la gracia es solo dispositiva: María dispone el alma para recibir la gracia pero no la distribuye. Evidentemente, si la Virgen María no tiene mérito, porque ella no cooperó activamente en la Redención, no tendrá un papel activo en la distribución de la gracia. La gracia se adquiere ciertamente a través de la Redención de Cristo; María participó en esta adquisición de una manera única, con un mérito único y maternal. Sin embargo, si María no posee ésto, no puede otorgarlo. Los números 45-55 son un ejemplo del minimalismo Mariano. Hay un intento de minimizar la distribución de la gracia por parte de María utilizando la teología sacramental de San Buenaventura, pero no se menciona el hecho de que el Doctor Seráfico enseña la doctrina de la Corredención y Mediación de todas las gracias, presentando a Nuestra Señora como el “Trono de Gracia”. (cf. entre otros: Sermone I Feria Sexta in Parasceve, Opera Omnia, vol. 9, p. 259; Sermo I De Purificatione Beatae Virginis Mariae, Opera Omnia, vol. 9, p. 640).
Se hace referencia a Santo Tomás de Aquino para argumentar que la humanidad de Cristo no acepta otra mediación que la de sí misma en la producción de gracia en los sacramentos. Sin embargo, se olvida que Santo Tomás distingue entre la humanidad de Cristo, como instrumento unido a su divinidad, y el sacramento como un instrumento separado. MPF pasa por alto un punto central tomista: no se habla de la causalidad instrumental de la humanidad de Jesús y de los sacramentos. Por ejemplo, la Summa Theologiae, III, q. 62, aa. 3-5 (la q. 63 también es importante a este respecto) no se cita. La Nota solo cita la pregunta 64 de la III parte (cf. notas al pie 118 y 122)[2], omitiendo así las preguntas precedentes, en las cuales Santo Tomás explica la manera en que el sacramento, como signo y virtud/poder instrumental, causa la gracia santificante. Para Aquino, los sacramentos derivan su capacidad de producir gracia de la Pasión de Cristo. Si MPF hubiera abordado ésto, habría sido teológicamente posible explicar cómo la Virgen María ejerce causalidad instrumental en la producción de gracia. Esto aplica tanto si se considera su mediación desde la perspectiva de la causalidad física (de manera más tomista) como de la causalidad ejemplar, como argumentan los teólogos franciscanos. Así como los sacramentos no oscurecen la mediación de Cristo, sino que la hacen efectiva, también así ocurre con la mediación de María, incluso de manera aún más temprana y mucho más eficaz. Su mediación precede a los sacramentos porque ocurre dentro del mismo acto de la Redención, en su momento objetivo. Estos son conceptos que ya no se utilizan y que han sido conspicuamente omitidos en el MPF. Sin embargo, no es metodológicamente aceptable usar a San Buenaventura y a Santo Tomás para probar con la autoridad de ambos que María no ejerce ninguna mediación.
“Mediadora de todas las gracias” se convierte así en un título problemático y, como parece sugerirse, uno que debe dejarse de lado. Se invoca a Ratzinger para afirmar que este título no se basa en Revelación divina, citando una reunión de la Feria IV (cf. nota n. 98), la cual, si no llega a ser incluída en un documento oficial, sigue siendo nada más que una opinión del Dicasterio. Sin embargo, MPF no cita al Papa Benedicto XVI, quien en su homilía para la canonización del Hermano Antonio de Sant’Anna Galvão, dijo: “No hay fruto de gracia en la historia de la salvación que no tenga como instrumento necesario la mediación de Nuestra Señora” (11 de mayo de 2007). Para MPF, todo lo que María puede hacer es interceder por nosotros (n. 67-68). Su mediación se reduce a la intercesión con el fin de implorar gracias actuales pero no la gracia santificante. He aquí un resumen en el n° 69, que es realmente perturbador y contrario a la tendencia:
“A través de su intercesión, María puede implorar a Dios que Él nos conceda esos impulsos internos del Espíritu Santo que se llaman ‘gracias actuales’. Estas son las ayudas dadas por el Espíritu Santo que operan incluso en los pecadores para prepararlos para la justificación, y que animan a aquellos ya justificados por la gracia santificante a un mayor crecimiento. Es en este sentido específico que debe entenderse el título ‘Madre de la Gracia’.”
MPF emplea así un uso narrativo de la Mariología, mientras que la Mariología Sistemática desarrollada por grandes Mariológos, como Gabriele Roschini, Domenico Bertetto, Carlo Balic, Brunero Gherardini y muchos otros, está ausente.
¿Cuál es el valor doctrinal de esta Nota?
Esta es la pregunta del millón. Hablando formalmente, la Nota Mariológica aprobada por el Santo Padre se convierte en parte del magisterio ordinario y, por lo tanto, requiere un asentimiento religioso de intelecto y voluntad, aunque pertenezca al nivel magisterial más bajo, no sea infalible y no esté exenta de posibles errores. Sin embargo, al observar la sustancia del documento, es evidente que la Nota doctrinal adopta una posición contraria al magisterio ordinario de los Papas, reiterado durante más de cien años sobre el mismo tema. Estas discrepancias entre forma y sustancia han estado ocurriendo durante ya bastante tiempo. Ahora bien, ¿cómo puede un documento reclamar peso magisterial ordinario mientras niega ese mismo peso al magisterio anterior? Uno podría decir que la obediencia a esta Nota puede darse de acuerdo al mens (sentido) del propio documento, que en la Presentación excluye la intención de imponer límites, es decir, de abrogar lo que se había enseñado previamente, según el mismo grado de sumisión que la Nota otorga al magisterio ordinario previo sobre el mismo tema.
El MPF en su conjunto es más un documento teológico que doctrinal. Se alinea con la teología y dialoga con ella, más que ofrecer la posición doctrinal del Magisterio. Es, de hecho, una opinión teológica. No se esperaría que un Dicasterio de tan alto rango eligiera entre posiciones teológicas sobre la cooperación de María en la salvación y prefiriera la que mejor refleje su objetivo predeterminado. Aunque el Dicasterio acoge la teología sólida, debería mantenerse por encima de ella, pero, sobre todo, debería mantenerse fiel a las reiteraciones magisteriales anteriores sin mezclar opiniones teológicas y magisterio Papal. La Nota tiene un tono pastoral, ya que el Magisterio de la Iglesia parece haberse vuelto pastoral desde hace bastante tiempo.
[1] La eclesiotípica interpreta la Mariología observando a Nuestra Señora más en su relación con la Iglesia, como miembro de la Iglesia, que en relación con Cristo. Lumen Gentium, capítulo VIII, trató de superar cualquier visión desequilibrada, considerando a Nuestra Señora en Cristo y en la Iglesia.
[2] MPF sí habla de causalidad secundaria o instrumental (cf. n. 65), pero presentándola como algo que debe evitarse al hablar de Nuestra Señora en relación con la gracia. Sin embargo, si esta terminología metafísica es aplicable a los sacramentos, ¿por qué no sería aplicable también a Nuestra Señora?
P. Serafino M. Lanzetta
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